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Terra
La Coctelera

Taxi Driver, un claro ejemplo de rebeldía

Me he puesto a recordar a una vieja gloria del cine norteamericano, se trata de Taxi Driver. En ella actuaba Robert De niro y hacía de ex combatiente de la guerra del Vietnan. No es ni mucho menos el ejemplo de película que un niño deba ver, pero sí es el mejor reflejo de cómo los problemas de una sociedad se llegan a convertir en toda una imposición.
El personaje hacía la noche en un taxi, iba y venía de un lado para otro y mientras tanto se quejaba de cómo su país había cambiado. Veía por las calles a las prostitutas, trifulcas de todo tipo y por este motivo termina haciendo de la calle una guerra personal que se ve obligado a cambiar de un modo o de otro. No obstante, no cambia la calle, pero al menos sí una milésima parte de ella.
El caso es que el personaje está completamente perturbado, sin embargo cree en los buenos valores (americanos o no, eso es lo de menos) y se siente comprometido con la ciudad, tiene deseos de cambiar aquello que le viene afectando desde hace ya un tiempo (vean la película, no les cuento más).
A veces pienso que Travis, el taxista de la película que les cuento, es el deseo que cada uno contiene dentro de su cuerpo, el de querer cambiar, aunque tenga que ser a la fuerza, el escenario que día a día le rodea y que se ha convertido en una realidad que está algo viciada. Creo que en cada uno de nosotros hay algo de esta persona que lleva por dentro la ilusión de ver el mundo como realmente debiera ser.
Vivimos quizás inmersos en la peor de las pesadillas, camuflada con pretextos e ideas absurdas, por vanalidades que intentan imponerse a toda costa, por discursos que nunca hemos apoyado ni lo más mínimo y que nos vemos obligados a escuchar y lo peor de esto es que hay personas, no una mayoría, pero sí un gran grupo de ella, que se niegan a equilibrar entre el bien y el mal que existe en nuestras vidas y colocarlos donde tienen que estar.
Travis por desgracia se ve obligado a hacer uso de la violencia para solucionar su problema, ese no es ni mucho menos el camino. Hay veces en que la fuerza de nuestro corazón se muestra de manera errónea en las acciones que llevamos a cabo, cuando tendríamos que haber tratado de expresarlo primero con la palabra y con la paciencia. Resulta posiblemente más cómodo renunciar a esa idea y dejarnos llevar por la rabia con la que se ha infectado nuestro corazón, no es ese el camino, si no el tiempo lo dirá.

Argumento, director...

Sinopsis de la película

Ponga un policía en su vida

¡Atención!. Si está usted preocupado por la educación que recibe su hijo no se preocupe, ha llegado a los colegios la disciplina de hierro. Ponga un policía en su vida.
Hoy se hace eco en los medios de la localidad almeriense la llegada del policía vigilante, cuya función entre otras será la de cuidar de que nadie les quite el bocadillo a sus hijos y que de cara al futuro sean muchos más débiles e inadapatados.
Parece mentira que en pleno siglo XXI no sean sólo los políticos los que tengan que hacer uso de un escolta para ir al trabajo, de hecho la cosa va mucho más lejos, los profesores no tendrán miedo a sus pobres diablillos gracias a la llegada de los policías vigilantes.
Por su parte, la ministra de educación, Mercedes Cabrera, ha defendido la propuesta al decir que se trata de llevar los valores de la seguridad a los colegios.
Pero creo que no a cualquier precio. ¿Qué será lo próximo? ¿La carrera de magisterio tendrá que hacerse en relación a una carrera de criminología? Es seria la cosa, han tenido que intervenir diversos ministerios y hacer un especie de pacto junto a la policía y esto no es plato de buen gusto para nadie (menos aún para los jóvenes alumnos que tal vez hasta cuando vayan a orinar estén vigilados).
Es que pemítanme tales exageraciones porque cuando yo estudiaba no ocurrían escenas como la que está ocurriendo en la actualidad y entre los profesores y los alumnos había un clima de cordialidad, e incluso, de afecto. Posiblemente se deba a un problema de raíz que provenga del propio núcleo familiar, no sé, piénsenlo con calma y ya me lo dirán cuando quieran.

Lector de sí mismo (reedición de las novelas de Juan Goytisolo)

Una vez más el escritor Juan Goytisolo Gay es el protagonista de la actualidad informativa. Las obras del escritor catalán han sido publicadas nuevamente incluyendo además los retoques oportunos por parte del autor de las mismas.

El periódico EL PAIS ha publicado este fin de semana una entrevista a Goytisolo en la que expone su parecer con respecto a la situación en la que vive Marruecos y cómo quedó España después de la muerte de Franco.

La rebeldía y la formalidad tienen su lugar en estos interesante artículo:

Entrevista

Modos de ver al hombre

Existe un dicho que dice: "Te repites más que el ajo". Bien, así es y no dejaré de hacerlo hasta que una realidad que se repite casi día tras día sea de otro modo. Escribo esta amenaza que no va más allá que la de las propias palabras pues hace no muchos días que en mi ciudad, Almería, se habló sobre dónde poner una oficina de extranjería y surgieron todo tipo de opiniones al respecto.
Al final se ha acordado que tendrá lugar en el barrio de San Luis, prácticmente al margen de la ciudad, pero el problema de todo esto surge cuando un grupo de personas, residentes de dicho sitio, se han molestado ante la noticia y han dado parte de su descontento a los medios de comunicación. Por esta razón varias instituciones de la ciudad están intentando paliar las diferencias por medio de un debate público del que está haciendose eco en los medios locales.
Sin duda es triste observar en el colectivo al que perteneces un modo de ver los hechos de modo tan excluyente, mediante el cual no se les quiere dar la oportunidad de una vida nueva a aquellos que no tienen posibilidades de subsistir en sus países natales. Bien es cierto que muchos de los que se quedan han delinquido alguna vez en sus vidas, pero si todo lo basásemos en la generalización sólo Dios sabe lo que sería de la raza humana.

Texto de www.lavanguardia.es

Sin orden ni autoridad moral
Lluís Foix 27/11/2006 - 21.20 horas

La revista 'The Economist' acaba de publicar la perspectiva del mundo para 2007. Suele llegar a los quioscos a finales de noviembre y la vengo coleccionando desde no recuerdo cuándo. Las predicciones del futuro siempre son inciertas porque el futuro se inventa sobre la marcha.
El primer gran tema es cómo va a gestionar el presidente Bush la situación en el mundo después del caos en Oriente Medio, la diaria carnicería en Iraq y el revés que le electorado americano le ha propiciado en las elecciones de medio mandato.
Pero la segunda cuestión que plantea la revista tiene relevancia y no yerra. Habla del déficit de autoridad en el planeta que ha perdido referencias políticas y morales. La potencia norteamericana lucha sobre cómo y cuándo salir de Iraq.
La guerra contra el terrorismo no ha destruido el eje del mal sino que lo ha fortalecido. Corea del Norte hace explosionar cuando le place artefactos nucleares. Irán sigue adelante con el enriquecimiento de uranio insistiendo en que Israel no tiene derecho a existir y que hay que borrarlo del mapa.
Palestinos e israelíes no pueden vivir sin matarse mutuamente, Siria controla remotamente a Líbano, Rusia envenena a los disidentes o bien ordena su asesinato, el hambre se extiende masivamente en África, los inmigrantes se desplazan por millones en todo el planeta, el mundo árabe despilfarra su riqueza frívolamente y Europa no sabe dónde está y administra su malhumor cómo puede.
La arquitectura institucional diseñada en 1945 ha perdido credibilidad. Las Naciones Unidas no resuelven los problemas del mundo y tampoco evitan las muchas guerras que están en curso. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son instituciones que no cumplen con el objetivo por el que fueron creadas.
En América Latina, las elecciones van entregando el poder a líderes populistas. Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Hugo Chávez en Venezuela, Cuba está sin líder y Brasil y Argentina tratan de salir de la crisis endémica por la que atraviesan esos dos gigantes sudamericanos.
El mundo islámico está agitado, contra Occidente y velando armas para que una minoría de radicales imponga la ley de la fuerza en respuesta a la política militar experimentada en sus territorios.
Habrá elecciones en Francia y en Gran Bretaña se producirá el relevo de Tony Blair con la vista puesta en las elecciones de 2008 en las que David Cameron puede arrebatar el poder a los laboristas.
La situación en España va bien desde el punto de vista económico. Pero el presidente Zapatero se juega su futuro político en el proceso de paz con ETA, que cuenta con la radical oposición del Partido Popular. En Catalunya empezamos una nueva etapa con un nuevo tripartito que sale de muy abajo para ganarse la confianza de los catalanes.
Esta situación global pone de relieve la ausencia de un orden internacional que dé respuesta a los nuevos problemas planteados por la sociedad del conocimiento, por el libre movimiento de bienes y capitales, pero con murallas levantadas para impedir que transiten libremente las personas.
Falta, en definitiva, una autoridad moral de referencia que no existe en ninguna parte. Son los síntomas de grandes cambios y posiblemente de grandes cataclismos. Sólo la confianza, el sentido común, el respeto al otro, la generosidad pueden evitarlo.

El periodismo insensato

En el transcurso de estos tres años me he dedicado a limar en la medida de lo posible los errores que solía cometer al escribir, el paso es lento pero muy gratificante cuando te das cuenta de que el trabajo empieza a tomar forma. Ni mucho menos quiero dar a entender que al día de hoy lo tenga todo hecho, e incluso, pienso que al terminar mi carrera reconoceré aún no saber gran cosa. La vida es eso, un camino que nadie sabe en qué momento acaba.
Me fascina observar en el día a día el profesional que en un futuro escribirá para nosotros, e intento no convertirme en ese personaje del que les hablo. Me refiero al que se atreve a falsear la realidad con el fin de conseguir egoistamente llegar a la meta y no simpatizo ni mucho menos con él. Está claro que en esta vida las personas no somos iguales que otras y tal es el caso del tipo de persona que les he dicho en comparación con otra cualquiera.
Resulta curioso, entré en periodismo sin saber muy bien la razón y conforme va pasando el tiempo veo en esta carrera una base sobre la que mis pies pueden caminar, un futuro que cada día se aclara más y que aporta los motivos para seguir adelante; aunque bien es cierto que si nos referimos a la teoría pura y dura con la que esa formación tiene sentido, habrá parte de ella que me disguste y que nunca termine de aceptar por completo.
El caso es que hace unos meses, para una de las asignaturas de la carrera nos mandaron escribir un reportaje sobre un profesional de la comunicación y el primero que me vino a la cabeza fue José María Granados, un jefe de sección del periódico IDEAL de Almería que había sido profesor mío durante el colegio. La decisión fue acertada, ya que en él había dos aspectos muy destacables, la sencillez y la honestidad, valor del que carece el personaje del que les hablaba anteriormente.
Algunos de mis futuros colegas de profesión optan por el plagio a la hora de realizar diversos trabajos para la carrera y eso demuestra que si no ponen fin desde el primer momento a ese tipo de faltas, en un futuro puede ser mucho peor. Desde la humildad pienso que un futuro profesional de comunicación tiene que ser íntegro en todos los aspectos, aunque es posible que el perfil que se explota hoy en día en las empresas de comunicación no sea este que les digo. No obstante, mi corta vida y mi falta de experiencia, además de mi desconocimiento absoluto de este maravilloso mundo que es el periodismo, me impiden extenderme mucho más en este espacio que blogspot me facilita y por ello, a continuación volveré a dejar unas sabias palabras de Granados como ya lo hiciera en lo anterior, por si alguno de los lectores (espero tener alguno) coincide con lo que dice este profesional del periodismo:

Me decepciona el intrusismo, hay gente que se mete en el periodismo no sé por qué, porque no tiene otra cosa mejor que hacer, gente que pasa de una formación mínima, que está metida ahí y que las empresas en muchos casos le están promocionando. Más que nada por la imagen que dan de la profesión. Yo me puedo equivocar, igual que un profesional cualquiera, pero no actúes con mala idea, con mala fe y en cambio ésta gente son camicaces que se tiran a cualquier plaza y que van dejando la estela de que ese es el periodista y el periodismo cuando realmente no es así.
Esa mala imagen me molesta mucho porque nos afecta a todos.Durante muchos años he sido presidente de la Asociación de prensa y siempre he reconocido algo que mucha gente se niega y es que en ésta profesión no somos corporativistas, reconocemos que hay gente buena, gente mala, gente que merece la pena, que no, hay de todo, pero son ellos.
Lo bueno que tiene ésta profesión es que el trabajo se firma, uno mismo puede saber quién es cada cual.Otra cosa que me molesta son los kamikaces, gente que no guarda un respeto con lo que es la profesión. Hay de todo, gente joven que te entra y te dice que tiene un titular fabuloso para un reportaje y no tiene reportaje, con lo cual ya empieza mal, va a ir todo dirigido a lo que tiene en la cabeza, no hacia la objetividad, aunque en parte no existe porque todos somos subjetivos.
Si puedes tienes que darle a tu lector todos los elementos para que él mismo juzgue, no mezclar la opinión con la información y esa gente te dice que tiene un titular, que no ha hablado con nadie, gente que es así y da lo mismo si es de ahora o de antes. Tontos hay siempre en todas las profesiones.

Relato surgido de un world Press Photo

Aquella mañana en la que todo pareció cobrar sentido, fue, sin embargo, una de las más corrientes que haya vivido en mi corta existencia. Casi por casualidad me acerqué al kiosco que se encontraba próximo a mi casa y compré un periódico en el que en primera plana aparecía la foto de una mujer con el rostro desencajado por el dolor y al mismo tiempo por el miedo.

Tales sentimientos se dibujaban en su rostro con una perfección que era capaz de quebrar el alma de un hombre en cuestión de segundos. Así fue cómo sucedió. La tristeza que sus ojos desprendían con una mirada, captada por el objetivo de una cámara de fotos, se hizo un pequeño espacio dentro de mi cuerpo, como esa masa que cubre los agujeros en una pared vieja.

Poco tiempo después supe que el autor de la foto había obtenido un prestigioso premio por aquella imagen que conseguía aterrar a cualquier ser humano. Posiblemente le fuera otorgado por su destreza con la cámara, tras conseguir captar las líneas geométricas de un modo sencillo, tan sólo con una breve presión sobre un botón; aunque más bien pudiera ser por el contenido de dicha fotografía, una mujer que se encontraba en un país en el que el sufrimiento se llegó a convertir, egoístamente, en una costumbre.

Mis ojos se humedecieron al observar los de ella, ya que los tenía de un marrón muy claro, pero no expresaban ni mucho menos felicidad, sino un cúmulo de emociones, producidas por la pérdida de unos de los miembros de su familia. Del mismo modo, su boca entreabierta parecía decirme algo con su silencio, tal vez me estaba preguntando cuál era el motivo por el que un ser fuera capaz de matar a otro y continuar su vida como si nada hubiera sucedido en realidad.

Me dolía no poder darle una respuesta, ofrecerle mi ayuda o sencillamente abrazarla con el fin de aliviar su dolor todo lo posible, porque lejos de aquel ambiente absurdo poblado por la maldad y las ruinas de una ciudad que nunca había conocido el progreso, un hombre era premiado por la pura casualidad de las circunstancias, mientras que una mujer, la protagonista de la fotografía, aún lloraba la pérdida de sus familiares por un atentado cuyas bases ideológicas se basaban en el Islam.

Pero nada de aquello parecía importar ya lo más mínimo, la cruda realidad quedaba relegada a un mero hecho que sucedió a miles de kilómetros del objetivo de esa cámara de fotos. De esta forma llegué a pensarlo con ingenuidad, al tratar de quitarle hierro ante la imagen que tuve ante mis ojos.

Resultaba triste que los convencionalismos pudieran crear distancias tan grandes frente a hechos que debieran preocuparnos a todos por igual. Así era cómo funcionaban las cosas, había alguien que se atrevía a separar una realidad de otra y de esta forma seleccionar la que mas le interesaba y con la fotografía sucedía exactamente lo mismo, el objetivo de la cámara se convertía en un instrumento que separaba distintas realidades una vez que eran almacenadas en un carrete, por lo que la cámara era para el ser humano un arma de doble filo.

Los elementos fundamentales de la escena, los familiares fallecidos de aquella mujer, quedaban, sin embargo, al margen del encuadre de la foto y en su lugar aparecía ese rostro que reflejaba el absurdo de aquellas muertes; para dejar constancia de que la única protagonista del relato era ella, escogida casi de manera arbitraria por uno de los testigos con los que contaba la vida.

No obstante, antes de ser elegida la imagen por su brillante calidad, pues la luz marcaba aun más su expresión y ese fondo difuso que ofrecía como único elemento visible a ella, la foto se había convertido, para algunos expertos en la materia, en todo un retrato que mostraba fielmente el verdadero ojo el mundo.

Ese día la noticia dio la vuelta al mundo, para atestiguar la sociedad en la que vivía esa mujer, con el fin de que algunos gobiernos e instituciones tomaran cartas en el asunto lo más pronto posible, no obstante, todo lo más que conseguían era que algunos individuos que casualmente estuvieran viendo las noticias aquel día dijesen que cómo estaba el mundo y siguieran almorzando o cenando como si realmente no hubieran visto nada.

La desidia y la ignorancia poblaban, en cierto modo, la generalidad de la mente humana, hasta el punto de que tan sólo fuera importante para ella los hechos que ocurrieran dentro de su marco geográfico.

Las fronteras invisibles comienzan con ésta historia

Hace apenas un año me encontraba en una cafetería hablando con el fotógrafo Manuel Falces con motivo de una entrevista que tenía que hacer para una asignatura similar a reporterismo. En aquella hora se trataron todo tipo de temas, no sólo de Fotografía, sino también de personas que habían tenido algun tipo de trato con Falces. Fue por eso por lo que se habló de un hombre, José Ángel Valente, un poeta gallego que sus últimos años de vida los vivió en Almería y era muy reconocido dentro del mundo de la poesía.
Me pareció muy interesante aquella amistad que había tenido con Valente, e incluso, cuando mirabas por internet información sobre Falces aparecían datos curiosos como la última foto que este fotógrafo le había hecho a Valente cuando estaba con el pie casi en otro mundo. Se la hízo en un hospital y supuso para la dirección del mismo toda una indecencia y un atrevimiento. Valente no le dio importancia a pesar de su situación.
El caso es que unos meses después, al empezar con la asignatura de reporterismo el profesor me pidió que hiciera un reportaje que supondría una gran parte de la nota final, así que decidí hacerlo sobre José Ángel Valente. Una de las exigencias por parte del profesor era que el tema a tratar fuera todo lo actual posible, por lo que la otra profesora de la asignatura, una argentina con poco o nada de conocimientos sobre la poesía española me dijo que no podía hacerlo porque no era actual y porque para mayor inri mi personaje era un difunto y a eso nos habíamos dedicado en otro reportaje que entregamos anteriormente al hacer una semblanza (reportaje de persona, si está muerta es obituario, pera al caso es lo mismo).
Recuerdo que aquel día, cuando me dijo que no podía empezar a escribirlo me enfadé muchísimo porque la sensación que me había dado aquella señoram era de no saber nada sobre el asunto en cuestión. Abandoné su clase y me acerqué al despacho del otro profesor y le conté lo sucedido. Él y yo coincidíamos en lo mismo, la poesía, esté muerto o no el que la escribe, siempre es actual y más cuando en Almería se cumplían veinticinco años de la llegada del poeta a la ciudad.
Aquel proyecto fue muy enriquecedor para mí, tanto que volví a cuestionarme mi futuro profesional en un momento de crisis y pareciera que Valente hubiese vuelto de la muerte para darme una palmada en la espalda y decirme que siguiera adelante y no me dejase caer tan fácilmente. Uno entiende con cosas así que hay temas que pueden marcarte para toda la vida y este proyecto, pese a ser un trabajo de universidad, significó mucho para mí.
Al realizar el reportaje pude hablar con varias personas que habían sido amigos del poeta y que por muchos años que habían pasado seguían recordándole y agradeciendo su intervención en asuntos que llegó a hacer suyos aunque era del norte de España. Se había preocupado por La Chanca, un barrio de Almería y quería que mejorase a toda costa, a través de las palabras si era preciso, armas que dominaba a la perfección, sin embargo no sólo hablé de él, también aparecieron en el reportaje un arquitecto, un presidente de una asociación y un escritor muy relevante. Este último era Juan Goytisolo, uno de los mejores escritores del siglo xx que tuvo una buena amistad con José Ángel Valente y que llevó a cabo una ayuda junto al poeta en La Chanca.
Escribo esto desde la gratitud, porque no sabía que pudiera llegar tan lejos con este reportaje ya que dentro de unos días, con motivo de unas jornadas que se harán en La Chanca, Juan Goytisolo va a venir al acto de clausura y tendré el gusto de conocerlo. No tengo palabras para agradecerle a estas personas lo mucho que están haciendo por mí.